Cómo ayudar a tus defensas

¿Cómo funcionan las distintas partes del sistema inmunitario?

El cuerpo humano es una máquina perfecta que se enfrenta siempre a constantes enemigos como el frío, los virus, las bacterias o los microbios que conviven con nosotros intentando hacernos la vida más difícil. El cambio de estación, la mala alimentación, el sedentarismo o los malos hábitos como fumar o beber alcohol no ayudan a nuestro organismo a mantenerse fuerte para superar con éxito esas amenazas externas que pueden causarnos desde una simple herida hasta una enfermedad grave. Por eso hay que entender a la perfección el funcionamiento del sistema inmunitario y sus distintas barreras defensivas, para así poder anticiparnos a cualquier ataque y mantenernos siempre en plena forma.

Nuestro sistema inmunitario está formado por células (leucocitos o glóbulos blancos), tejidos y órganos que trabajan juntos defendiéndonos de las invasiones de agentes patógenos, identificando las sustancias extrañas y reaccionando contra ellas, identificar estas sustancias extrañas y reaccionar contra ellas.

El sistema inmunitario se compone de dos tipos de barreras, las externas, como la mucosa, la piel o, las lágrimas, que atacan a cualquier tipo de agente patógeno destruyéndolo con rapidez y las internas como los linfocitos, situadas siempre en el interior del organismo y dedicadas a un enemigo más concreto. Además de las barreras anteriores, todos contamos con otro tipo de defensas, las innatas, originadas en el vientre materno y las adquiridas, formadas a raíz de la existencia de un antígeno.

Cuando una bacteria o virus pretende entrar en contacto con nosotros, las barreras de defensa externas, (por ejemplo, la capa aceitosa de la piel) entran en acción intentando evitarlo. Si estas barreras fracasan las células encargadas de hacer trabajar al sistema inmunitario, también conocidas como glóbulos blancos, se enfrentarán a la amenaza y lucharán hasta destruirla; primero llegarán los leucocitos, situados en la médula ósea, el timo y el bazo, luego actuarán los monocitos y macrófagos, recogiendo información de la amenaza para que, por último, los linfocitos se encarguen de crear una respuesta inmunitaria que destruya la infección.