25/11/2010 Fatima Cimadevilla

Fechas de caducidad: respetando que es gerundio

Con fecha de caducidad Cuántas veces nos ha pasado de abrir la nevera y encontrarnos con que, mirando por curiosidad, tenemos algún alimento caducado. Para muchos, esa fecha máxima de consumo implica un gesto muy simple: tirarlo a la basura con el famoso “por si las moscas” rondándonos en la cabeza. Sin embargo, a otros les sale esa vena aventurera de probar “a ver qué pasa”: un amigo mío sin ir más lejos lo anuncia a bombo y platillo advirtiendo de que si, en el plazo máximo de diez minutos empieza a ponerse verde, llamemos a los servicios de emergencia. Así contado, puede resultar tremendamente divertido. Pero lo cierto es que esos pequeños riesgos que se corren a veces en nuestra vida doméstica pueden traernos, así no lo creamos, algún que otro disgusto.

Para empezar, diferenciemos entre esas dos posibles referencias que encontramos en los alimentos. Por una parte ese “Consumir preferentemente antes de” viene a decirnos que, a partir de la fecha marcada, ese producto no ofrece toda su calidad al consumidor: es decir, que a partir de ese ecuador que fija el envase estaremos perdiendo nutrientes e, incluso, parte del sabor de un determinado alimento. Por otra, esa fecha de caducidad a la que estamos acostumbrados es una advertencia mucho más seria: implica que, a partir de ese día, ese producto determinado no debe ingerirse. Una medida que se aplica, fundamentalmente, a alimentos de carácter perecedero y que además no es un vicio del fabricante: esa fecha en la que caduca un alimento se marca por razones microbiológicas. Es decir, por nuestra propia salud como consumidores de un alimento.

Si miramos nuestro frigorífico, podremos encontrarnos un rosario de fechas distinto en función del tipo de alimento. Es cierto que, en algunos de ellos –como las carnes o el pescado-, el sentido del olfato va incluso por delante de la fecha que marca el envase: muchas veces, incluso, podemos encontrarnos con que un alimento se estropee antes de esa caducidad supuestamente límite para el consumo. Pero hay alimentos que, por desgracia, no saben decirnos si están en buen estado o no, y llegados a ese punto hemos de ceñirnos a la fecha de caducidad. Un ejemplo de ello son los huevos que, recientemente, incorporan una caducidad máxima aunque, dado su carácter de perecederos, no siempre es exacta. Un buen truco es sumergirlos en un vaso con agua y, si el huevo flota, podemos tirarlo directamente a la basura.

Pero hay otros, como los yoghourts, en los que no está tan clara la cosa. La mitología popular asegura que una crema fermentada dura más de lo que dice su fecha de caducidad y, de manera rigurosa, no es mentira: el yoghourt pasado de fecha únicamente se acidará más de lo normal ya que su fermentación será todavía mayor. Pero, aunque nos pueda parecer únicamente una cuestión de sabor, hemos de tener en cuenta que ese yoghourt que estamos consumiendo –más si se trata de un probiótico o de algún tipo de crema con propiedades beneficiosas para la salud- habrá perdido eso que la convierte en una ayudita para nuestra salud. Y hay más: tengamos en cuenta que nuestro organismo no es un reloj suizo y que no se encuentra siempre igual de preparado para hacer frente a una pequeña agresión como puede ser un alimento que roce los límites del mal estado aún sin estarlo. El “yo me los como siempre y no pasa nada” puede convertirse en una de esas 15.000 toxiinfecciones alimentarias que registra anualmente nuestro país.

A pesar de la broma de mi amigo, la cosa no resulta tan divertida. Y optar por no ser tan aventurero puede evitarnos algún que otro contratiempo.

Deixa el teu comentari

You can use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>