Aunque en invierno el tiempo no siempre acompaña, cualquier día de frío y estando bien abrigados, después de un desayuno con Actimel y con las defensas bien reforzadas, es bueno para aprovechar y disfrutar del aire libre. Si esto no fuera así los niños noruegos pasarían la vida encerrados en casa y, seamos sinceros, aquí hace malo, pero no tanto como tan cerca del Polo Norte.
Sin embargo para los días lluviosos conviene tener preparada una lista de recursos; juegos, manualidades, canciones…así evitamos que los niños pasen horas y horas delante de la tele, el ordenador y las consolas – que un poquito está bien, pero mucho, mucho no.
Cuanto más movidos sean los juegos, mejor, aún a riesgo de que te rompan alguna lámpara siempre es mejor eso que el sedentarismo. Y sobre todo, si sus actividades extraescolares no incluyen ningún deporte, cosa que no debería suceder, los niños necesitan tener tiempo para moverse.
Las costumbres y tradiciones vienen a echarnos una mano en esto de los juegos indoor. Vale, al escondite es mejor jugar en la calle, porque las posibilidades aumentan, pero en casa también hay sitios chulos en los que ocultarse y podemos pasar una tarde de lo más divertida y no volvernos locos del aburrimiento (cuando los niños se aburren es cuando peor se portan, eso es así).
Hay un montón de juegos tradicionales de los que a lo mejor ya ni te acuerdas, suerte que tenemos internet. El escondite inglés, la gallinita ciega, el juego de las sillas, las prendas, el teléfono estropeado, ponerle la cola al burro, todos los juegos de pasacalles… Para los más mayores sin duda será divertidísimo jugar a las tinieblas ¿te acuerdas de cuando jugabas tú?
Y claro, para todos estos juegos cuantos más mejor. Así que os animamos a organizar la tarde de los amigos. Tampoco hace falta que sean 15, pero unos cuantos pueden venir a nuestra casa el fin de semana o después del cole y mientras nosotras charlamos con las mamás, pasárselo muy bien en el salón, bajarse al patio o al parque en cuanto que deje de llover a mares y dejarse los guantes y las bufandas en nuestro recibidor. Y a la semana siguiente cambiamos de casa.