16/09/2011 Fatima Cimadevilla

Los desayunos del abuelo

BreakfastQue mi abuelo es un rebelde sin causa a sus más de ochenta no es ninguna novedad. A las batallas habituales a las que estamos acostumbrados, desde hace un tiempo se ha sumado una nueva: el desayuno. Desde hace unos meses, se ha levantado en armas también contra esa primera comida del día. Y, aunque al principio creíamos que era por el calor, pero luego nos hemos dado cuenta de que va más allá.

Negarse a desayunar supone su primer desafío del día. Y, para los demás, su negativa supone empezar cada mañana con el mismo teatrillo. Uno en el que siempre, siempre pierde.

Después de obligarle con muchos argumentos a que se siente a la mesa (algo que supone una negociación digna de la ONU), él siempre utiliza el mismo: que se levanta sin apetito y sin ganas para nada. Una baza que solemos aprovechar para recordarle lo importante que es el desayuno para empezar el día con un poco más de batería. El argumento, también, siempre el mismo: que si no se encuentra animado, no podrá irse a dar ese paseo de cada día que a él le supone su propio rato para sí mismo. Creo que le gusta una señora del parque, así que sobornarle con esa prohibición suele surtir efecto. Es curioso cómo son los genes: cuando yo era pequeña, la escena era a la inversa porque era precisamente él quien me obligaba a desayunar y me decía las mismas cosas. En mi caso, el chantaje era que no iba a salir a jugar a la calle.

Pero hay días en los que se levanta especialmente guerrero y ni por esas parece quedarse convencido. Algo que, hemos comprobado, sabemos en función de cuánto refunfuña y que despierta el segundo argumentario de por qué tiene que desayunar: al “abuelito, tienes que cuidarte incluso más que antes” (creo que no conozco a nadie que haya llevado como filosofía de vida una alimentación tan sana como la suya) le sigue una larga recomendación sobre lo vital que es ayudar a sus defensas a mantenerse bien. Una charla que recibe callado (y haciéndonos una especie de burla mientras se toma el Actimel y la tostada) a sabiendas de que sus años le hacen tener carnet de ese “club de los mayores” del que no sólo es importante formar parte sino, además, hacerlo bien.

Imagen: http://www.flickr.com/photos/weesen/3869944124/

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