Tenemos el veranito a la vuelta de la esquina después de muchos meses esperando los días de sol y de calor. A todos parece que se nos pone mejor humor –empezando por los más pequeños y acabando por los más mayores- y la calle nos parece un lugar estupendo para estar. Sin embargo, ojito con ese traicionero Lorenzo porque, ya sea bajo techo o sin él, tenemos que tener especial cuidado con algo que parece pasar desapercibido: hidratarnos para combatir los grados de más del termómetro.
Un gesto que, además de quitarnos “los calores”, le estará haciendo un favorazo a nuestro organismo. Y si en cualquiera la hidratación es necesaria, más lo es todavía en nuestros mayores. Tanto en su organismo como en el nuestro, el 65% de su cuerpo es agua. Pero a medida que se van sumando años en el D.N.I., por lo que sea el cuerpo nos va pidiendo beber menos agua. A quién no le ha pasado eso de escuchar decir –en mi casa sucede con mi abuela- eso de “a mí no me pongas vaso en la mesa porque no voy a beber agua”.
Pues bien, esa “manía” física de tener menos sensación de sed es un enemigo terrible de nuestros mayores en estas épocas de temperaturas más altas. Y que se deshidraten con todas sus consecuencias, algo mucho más sencillo de lo que parece. Está claro que, a esas alturas de la vida, no podemos obligarles como a niños para que pasen por el aro de beber aún no teniendo ganas. Pero lo que sí podemos hacer –y repito a pesar de parecer pesada, más todavía ahora en verano- es tratar de que se hidraten de maneras mucho más atractivas.
Si por lo que sea nuestro mayor no quiere beber mínimo un litro y medio diario, podemos tratar de “engañarle” con zumos naturales –los envasados también mantienen la hidratación, pero suelen tener más azúcares- o infusiones –a ser posible sin teína o sin cafeína, como el rooibos o la manzanilla- servidas calientes o frías.
Y si tenemos en casa a un “gato” en potencia con su consiguiente fobia al líquido, que nadie se desespere: podemos recurrir a las leches fermentadas –que suelen tener entre un 80 y un 89% de contenido en agua-, a las frutas –preferiblemente el melón, las fresas, las naranjas o la piña por su alto valor hídrico aunque el plátano también tiene entre un 70 y un 79& de agua- y a ciertas verduras –como el tomate o la lechuga-.
Quizás ellos no tengan sed y seguirán estoicamente en su negativa a beber. Pero, con estas pequeñas claves, mataremos dos pájaros de un tiro: para empezar, permitiéndoles creer que salen ganando. Y, para seguir y mucho más importante, velando por ellos a pesar de que no se den cuenta.
