Hoy, visitando a una amiga, me he dado cuenta de lo importante que es ese boca a oreja que todos vivimos en nuestros hogares. Esa tradición no escrita que se transmite de generación en generación y que, a la hora de la verdad, es la base de la salud. Delante de mí, cuatro generaciones de mujeres de una misma familia: una ya bisabuela, una abuela, mi amiga y su hija de apenas cuatro años. Llegué justo en el momento adecuado: una merienda infantil.
La consigna ha sido clara: “la bisbi”, que es como la cría llama a la más entrada en años y orgullosa bisabuela, “siempre ha dicho que el zumo tiene que tomarse rápido para que sea bueno”. Explicarle a una niña que las vitaminas tienen un tiempo muy corto de vida –o, hablando con propiedad, de oxidación- es complicado. Pero lo curioso es que, a pesar del paso del tiempo, la madre de esa niña que se toma el zumo sin rechistar sigue repitiendo lo mismo que escuchó en su casa siempre y que no deja de ser una gran verdad –a pesar de que todos pensáramos cuando éramos pequeños que era una vil excusa materna para que ese desayuno tan necesario no nos hiciera llegar tarde al cole-.
Sin apenas darnos cuenta, mucho de eso que suena a “consejos de la abuela” –más que nada, porque si algo tienen las canas es que otorgan experiencia y son referente imprescindible en la sabiduría popular- encierra auténticos guiños para encontrarnos mejor y para paliar esos pequeños contratiempos que todos sufrimos. El té de canela para los dolores menstruales, la leche caliente con miel para las afecciones de garganta, esas famosas infusiones de anisetes que se le dan a los bebés son sólo la punta del iceberg de todos esos pequeños guiños que sólo la tradición mantiene con el paso de los años. Una misma tradición que, casualidades de la vida, es la salvaguarda de una de las claves mágicas de nuestra salud: nuestra envidiada dieta mediterránea. Una que no es sólo un modelo de alimentación equilibrada sino además es –lo dice la UNESCO, conste que no me lo invento- una auténtica herencia cultural que juega un papel vital en nuestra salud.
Y, cosas de la vida, delante de esa merienda con babero rosa recordé otra gran frase de mi abuela actualizada a unos tiempos en los que no cabe duda que la investigación ha permitido que la alimentación sea, todavía, más dosis de salud: el “tómate la leche” de siempre ahora es un “tómate el Actimel”. Algo si cabe más curioso cuando esa generación que creció con la leche como puntal básico de la alimentación se toma un Actimel para dar ejemplo y mientras le quita a su bisnieta el babero le da un beso en la frente.

