Lo he escuchado decir muchas veces y lo he sufrido en propias carnes: el “ya recuperaré el sueño” que entonamos muchos cuando tenemos una época privada de él es sólo un consuelo momentáneo. Entre bostezo y bostezo, podemos creer muy convencidos que así será: que el sueño se recupera. Lo que no sabemos es que ese sueño perdido no es sólo una cuestión de descanso sino, incluso, de salud.
A pesar de que para muchos dormir pueda suponer un “sano vicio”, lo cierto es que la magnitud de esas horas en las que nos entregamos a los brazos de Morfeo es todavía mayor que el mero hecho del descanso. Resulta que, cosas de la naturaleza, ese tiempo en el que nos abandonamos al sueño es responsable además de importantes procesos químicos del organismo e, incluso, asociados con la regeneración celular. Una que no sólo permite que el engranaje natural del cuerpo funcione correctamente sino que, incluso, es fundamental en algo tan singular como es la longevidad. Y es que dormir alarga la vida, o así se ha demostrado después de un estudio en China –el país con más longevos sanos del mundo-. Está claro: vivir mucho es importante, pero hacerlo mejor mucho más.
Como se ha dicho siempre en mi casa, dormir cura –está demostrado que los buenos hábitos de sueño son un aliado perfecto no sólo para la mente sino además para mejorar nuestro sistema inmunitario- e incluso previene de padecer pequeños achaques. Porque por increíble que nos pueda parecer, ese tiempo en el que desconectamos en horizontal no sólo ayuda a encontrarse mejor sino además permite prevenir dolencias de carácter cardiovascular, respiratorio o incluso metabólico, especialmente en los más pequeños.
Así que, anotando las claves para que el matrimonio enamorado de la vida –sueño y salud- y, mira tú las cosas que se descubren, incluso de la belleza: las horas que necesite nuestro cuerpo –como cada uno es un mundo, no se puede generalizar el “dormir 8 horas” pero no es recomendable que sean menos de 7- en un ambiente con temperatura media y sin ruidos –dormir con la radio o la televisión toda la noche, aunque no nos demos cuenta, no permite descansar-. Para el descanso nocturno, cenas ligeras y luz tenue antes de irnos a la cama. Y, para los que puedan, esa costumbre española de dormir la siesta. Un placer que también tiene su mecanismo para ser saludable: no sobrepasar los 20 minutos.


Yo necesito implementar eso ASAP porque tengo unos hábitos de sueño fatales