El mes de diciembre viene cargadito de celebraciones, entre Nochebuena y Reyes, un festín de alimentos suculentos y muy calóricos invaden las casas. Que si turrones, polvorones, mazapanes y otras exquisiteces… ¡casi es inevitable no ponerse las botas! Pero hay una manera de compensar estos excesos para mantener la línea.
Prueba con adaptar y aligerar las comidas alrededor de las fechas señaladas para compensar el aporte energético extra. Por un lado pon especial atención a las comidas que preceden: tienen que ser ligeras, que no significa quedarse con hambre, ya que sino surge la ansiedad y terminarás picando más de la cuenta en el aperitivo… Te aconsejo un primer plato a base de verduras (una crema o una ensalada completa, por ejemplo) y de segundo alguna carne magra como el pollo con una pequeña guarnición de hidrato de carbono, una pequeña patata asada sería una buena opción. A modo de postre una pieza fruta o un yoghourt. Es importante también tomar algo a media mañana o a media tarde, una botellita de leche fermentada es ideal: rápido, cómodo, nutritivo y saciante.
Por otro lado, también te aconsejo que prestes atención a las comidas posteriores, deben ser súper livianas. Aquí interesa tomar el mínimo de energía pero de forma equilibrada para que el cuerpo siga trabajando y digiriendo todo lo que hemos comido. Si tienes una sensación de empache, te aconsejo un poco de melón con jamón o unos espárragos blancos con pavo, son muy ligeros y digestivos. Si tienes más apetito puedes añadir un caldo de verduras (que incluya apio, puerro, cebolla…) y/o un yoghourt o leche fermentada desnatados.
Durante el resto de los días entre los festivos, tienes que cuidar tu alimentación de forma especial y sobretodo que no queden sobras ni dulces en casa ¡son demasiada tentación!
