Llevar bien el estrés laboral no siempre es tarea fácil. Sobre todo para aquéllos que trabajan de cara al público, o para aquellos a los que se les va acumulando el papeleo entre llamadas de proveedores y problemas en el departamento comercial. Porque siempre atendemos primero a las necesidades de los demás, a los compañeros que nos piden que les echemos un cable con las nuevas tecnologías, que “esto es tan moderno que no va”. Y nos apuntamos lo que estábamos haciendo en un post-it, con la esperanza de terminar pronto y volver a la página 82 del balance de administración. Pero cuando volvemos a nuestra mesa, suena el teléfono: el jefe. Y todo se va acumulando, y de repente nos damos cuenta de algo que empieza a aparecer en el horizonte, el horrible fin de año, que ahora mismo solo significa una cosa: montañas de trabajo.
Históricamente, el estrés era una reacción fisiológica de defensa delante de situaciones amenazantes momentáneas que permitía al individuo decidir entre dos salidas: luchar o huir. Sin embargo, en la época moderna esta situación fatigante no es pasajera, y cuando estamos delante de nuestro jefe, no tenemos ninguna de las dos opciones: ni darle una patada, ni salir corriendo de la oficina. Con lo cual, precisamos de algún mecanismo de adaptación y alguna vía de escape para soportar esta tensión, conseguir un ambiente de trabajo lo más relajado posible, y mantener una buena salud.
Y es que estar sometidos a largos períodos de estrés puede tener consecuencias en nuestro organismo más allá de la tradicional fatiga, como el envejecimiento prematuro, el aumento de la susceptibilidad a enfermedades… entre otras.
Así pues, es imprescindible que seamos conscientes de que ”aquella discusión que tuve en la oficina” tuvo consecuencias fisiológicas en nuestro cuerpo, a pesar de que de entrada pueda no parecérnoslo, y de que combatir el estrés debería ser indispensable para evitarnos sorpresas desagradables. Hay muchas formas de lograr una relajación que compense las situaciones de estrés, y van desde masticar chicle hasta hacer ejercicio. Una técnica que suele aconsejarse son los ejercicios respiratorios, ya que controlar nuestras inspiraciones y expiraciones nos da un control directo sobre nuestro cuerpo (la respiración afecta a los latidos del corazón, y éstos a los flujos sanguíneos). También podemos optar por los remedios naturales, ya sean baños de agua caliente mezclada con una manzanilla, o tés de valeriana. De nuevo una de las claves es conocerse a uno mismo para usar la imaginación y lograr desconectar completamente de las situaciones de tensión. Y por supuesto, la que tal vez es la propuesta más efectiva para evitar el estrés es una alimentación saludable y equilibrada para tener un sistema inmunológico y un sistema nervioso en óptimas condiciones y crear una barrera natural. Es recomendable consumir todo tipo de comidas, evitando ingerir proteínas por la noche, y seguir una dieta rica en vitaminas y fibra.
