27/10/2010 Fatima Cimadevilla

Como Paqui, muchos mayores huyen del sedentarismo

El modelo del abuelo pasivo se ha quedado anclado en el pasado: vivimos una generación de “nuevos mayores” que huyen del sedentarismo y buscan aprovechar el tiempo para cumplir cosas que tenían pendientes –como Paqui que, a sus 62 años, se matriculó en la Universidad- o, simplemente, para estar entretenidos. Uno de esos entretenimientos que puede resultar, además, amigo de los años es el ejercicio físico. Pequeñas gimnasias que ayuden no sólo a mantener tonificado el cuerpo sino, además, faciliten mantener activa la mente. Hace algunos años, la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria aseguró que realizar algún desempeño de carácter físico –por moderado que fuera- es clave para la salud emocional de nuestros mayores: no sólo porque mejora la calidad de vida sino porque, además, reduce el riesgo de desarrollar dependencia.

Una parte importante de realizar algún tipo de ejercicio es, precisamente, la socialización con gente de la misma edad. Muchas veces, no es necesario acudir a ningún gimnasio para poder establecer estos vínculos: el salir a pasear de nuestros mayores pasa por ser, precisamente, un aliado para esas relaciones sociales tan necesarias y que forman parte de lo que se denomina “envejecimiento activo”. Una realidad que se ha puesto en práctica, por ejemplo, con en el programa “Ejercicio Te Cuida” de la Junta de Extremadura y cuyo éxito ha reconocido la Unión Europea, no sólo por la importancia del programa como motor del ejercicio físico de los mayores sino, además, por lo determinante que es la red social que se crea compartiendo clases o tablas de ejercicios. Se denomina gerontogimnasia y, a día de hoy, se aplica en gimnasios especializados en ejercicio para mayores dónde no sólo es posible realizar tablas acorde con el estado físico de cada uno de ellos sino, además, establecer relaciones personales.

Como os decía, no es imprescindible acudir a un gimnasio para tener una buena sesión de esta gimnasia adaptada a la edad que tiene mucho, también, de emocional: la importancia del ejercicio físico en las personas con edad ha dado lugar a los “parques biosaludables”. Esos espacios en los que podemos encontrar aparatos específicos de gimnasia y tablas integrados en un espacio verde para que nuestros mayores puedan ejercitarse de manera saludable: pedalear para favorecer la circulación, instrucciones para hacer estiramientos o esos volantes que, con apenas girarlos unos minutos, estarán contribuyendo a mejorar la flexibilidad de la parte superior del tronco. Para los más lanzados, otro ejercicio único es la natación o, incluso, ejercicios de aqua-gimnasia realizados de manera moderada y siempre bajo supervisión de un monitor.

Y, recordemos, que a pesar de que el ejercicio físico sea mínimo puede causar un desgaste invisible en el organismo de nuestros mayores. Como tendencia natural, cualquier cuerpo pierde sales minerales con el mero hecho de transpirar y sufre un desgaste calórico cuando el músculo se estira y se contrae. Así que, por liviano que sea el esfuerzo, recordemos que es imprescindible que nuestros mayores no sólo se hidraten antes, durante y después del ejercicio sino que, incluso, una vez finalizado repongan esas carencias. Una pieza de fruta, alimentos ricos en cereales o, incluso, un yoghourt o leches fermentadas pueden ayudarnos a reponer el esfuerzo. Uno que, a la larga, es una garantía de envejecer bien.

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