Mi abuelo era especialista no sólo en comer galletas -que no podía por ser diabético- sino en que le pilláramos con las manos en la masa. Su truco consistía en meterse la galleta entera en la boca –una que se podía ver sobresalir bajo los mofletes- y poner cara de culpable. Es una de las tónicas generales de esos mayores nuestros que, por motivos médicos, no pueden comer de todo: sus excursiones para conseguir eso tan prohibido se convierten en auténticas aventuras poco saludables. Aventuras muy similares a cuando éramos pequeños y poníamos patas arriba la cocina buscando el chocolate.
La gran diferencia es que eso que se convierte en objeto de deseo, habitualmente, es el mayor enemigo de un mayor: los artículos de pastelería y bollería encabezan la lista, seguidos de cerca por los chocolates y los refrescos con muchas burbujas. Hace poco una de las abuelas más longevas de España contaba que, a pesar de seguir una dieta sana e incluso de tomar Actimel, tenía un vicio: le volvía loca la Coca-Cola. A la mía, le pirran las hamburguesas del McDonald´s.
Tienen sus pequeños caprichos, está claro, aunque el hecho de tenerlos prohibidos hace que, muchas veces, los consuman a escondidas: un gran inconveniente no sólo para ellos sino para quiénes controlamos su dieta. Al no saber qué comen, no podemos saber si en un momento puntual una dolencia –como por ejemplo, una subida de tensión o de azúcar o, incluso, el sobrepeso- puede deberse a cuestiones médicas o a haber cometido pequeñas fechorías que jamás van a confesar. Además, hemos de hacer partícipe de ello –esos sustos que a veces nos dan cuando comen algo indebido- a nuestro mayor para que comprenda que su organismo no funciona como lo hacía antes. Eso sí, quitándole todo el dramatismo: “simplemente cambiamos con los años” es un buen argumento para hacerle entender que, así lo pretenda, no puede excederse en el consumo de grasas o azúcares –dos de los principales enemigos de la edad– por cuestiones únicamente de salud.
Pero, incluso entre nuestros mayores, siempre hay rebeldes con una única causa: permitirse romper las reglas. Está claro que no podemos pegarnos a ellos como si fuéramos sus sombras, pero sí podemos aliarnos con su salud. ¿El método? Curiosamente, el mismo que empleaban nuestras madres cuando escondían las golosinas. Por increíble que pueda parecer, reeducar la alimentación de un mayor pasa por el mismo proceso de aprendizaje de la infancia, y el ocultar esos alimentos que pueden despertarles el gusanillo de lo prohibido es la mejor solución para evitar que puedan comerlos. Las partes altas de los armarios y los espacios destinados a guardar la vajilla de cocinar –lo digo por experiencia- pasan por ser los mejores amigos de quiénes nos preocupamos por un mayor aunque de ya os anticipo que hemos de despertar el ingenio para que el escondite sea, cuanto menos, un tanto rebuscado. Pero si, incluso así, descubrimos que tenemos una abuela que trepa por el mueble de una cocina a lo Edurne Pasabán –la abuela de un amigo mío no tenía nada que envidiarle a la escaladora- o es la mismísima sucesora de Sherlock Holmes, sólo nos queda una opción: sustituirlos por productos dietéticos, bajos en azúcares y libres de grasas como alternativa a esos pequeños gestos que rompen la dieta de un mayor. La queja –también por experiencia-: no sabe igual. La respuesta –también por experiencia-: sólo sabe distinto. ¡Suerte en la aventura!
¿Qué truco tienes tú para evitar estas tentaciones a tus mayores?, ¿has vivido algún momento realmente cómico “pillando” a un mayor saltándose su dieta?

A que edad consideramos que una persona es mayor, 45? 60?…depende de como le haya tratado la vida, no?
Y normalmente, la respuesta del abuelo en pleno atracon furtivo es que “para lo que me queda en el convento, disfruto por dentro” y ante eso no podemos decir/hacer/explicar nada.
Me gusta mucho este blog y sobre todo la facilidad de lectura de los artículos de sus periodistas/publicistas como Fátima.
Un saludo
¡Hola Carlos!
Muchas gracias por tu comentario y nos alegra que te guste el blog. Sin duda, nuestra bloguera Fátima siempre nos explica cosas interesantes y de una manera muy amena.
¡Saludos!