El sol, el calor, el relax han quedado atrás, y si no nos lo tomamos con optimismo la perspectiva de la vuelta al trabajo (a ver al jefe, a los cientos de e-mails acumulados y a los problemas que nos estaban esperando) puede ser desmoralizador.
Pero siempre hay que saber encontrar aquellos momentos claves que nos alegran la existencia y que nos dan fuerza para todo lo que tenga que venir. Este puede ser el caso de los desayunos, solos, con la familia o con los compañeros de piso. Pero es importante sentarse a la mesa y tomárselo con calma para poder sonreír y empezar el día con el pie derecho. Si nos permitimos este momento para preguntarnos “¿qué me ocurrirá hoy?”, nos será mucho más sencillo darle la vuelta al planteamiento y creer que nunca tenemos dos días iguales y que, por tanto, nuestra rutina es un gran abanico de actividades.
Siempre se ha dicho que el desayuno es la comida más importante del día, y en realidad no se exagera, a pesar de que a menudo acabamos comiendo cualquier cosilla para ir tirando. Pero las posibilidades que nos ofrece este desayuno sano son numerosas y variadas como para no aburrirnos ni hasta dentro de un año. Pero para empezar, un buen desayuno debe incluir los lácteos (leches frescas o fermentadas), cereales o pan y fruta. Personalmente, comer una pieza de fruta durante el desayuno me da una sensación de bienestar que no puedo explicar pero que cambia mi perspectiva. Tal vez es saber que estoy comiendo sano, o simplemente que es rica y refrescante. A pesar de eso, no debemos caer en la tentación de agarrar de la nevera una pieza de fruta y salir corriendo hacia el trabajo: no nos proporcionará los suficientes nutrientes como para que podamos llegar a media mañana sin tener un agujero en el estómago. Así pues, podemos optar por una taza de leche o de yogurt con cereales (la gama es tan amplia que es imposible aborrecerlos), unas tostadas con queso o jamón, un trozo de bizcocho casero o unas galletas ricas en fibra. Y todo ello puede acompañarse con café, pero también con zumos, té, leche con cacao…
Un buen truco para evitar saltarnos esta comida, es pensar qué nos apetece con antelación. Ya sea cuando nos levantemos, o en la ducha, o la noche anterior cuando nos metemos en la cama. Así, además de poder mentalizarnos para un desayuno saludable y completo, logramos que nos apetezca y que lo esperemos con ilusión.
¿Qué me recomiendas para desayunar mañana?