Sí, es un hecho: se acabó el verano y con él las jornadas intensivas, el divorcio con el reloj y todos esos excesos que cometemos amparados en los días de vacaciones. Toca volver a las rutinas y, con ellas, a esas jornadas de oficina que suponen la “vuelta al cole” de los adultos. Acostumbrarse a los horarios es la primera parte de ese reencuentro con nuestras propias aulas. Sin embargo, más que acostumbrarnos a volver a programar el despertador, tenemos que acostumbrar a nuestro cuerpo a volver a entrar en esas dinámicas de oficina que hemos olvidado durante el periodo vacacional. Aunque no seamos conscientes, volver a la vida normal supone un estrés para nuestro organismo.
Cualquier oficina es, aunque no seamos conscientes, una pequeña agresión externa para nuestro cuerpo: desde el tiempo que pasamos sentados –con sus ya consabidas repercusiones posturales- a los sistemas de aire acondicionado, sin olvidar las radiaciones –así sean mínimas- de los ordenadores o, incluso, las comidas a contrarreloj para volver a nuestro puesto de trabajo. No podemos luchar contra todos esos enemigos invisibles que, queramos o no, forman parte del día a día de la oficina pero sí podemos ayudarnos a nosotros mismos no sólo adoptando sanas costumbres –como sentarse erguido o cambiar de postura cada cierto tiempo- sino, también, convirtiendo ese picoteo entre comidas en un gesto saludable. No nos equivoquemos: comer entre horas es más que recomendable para mantener activo el metabolismo, sí, de la misma manera que hacer esas cinco comidas que recomiendan los expertos. Así que, ¿por qué no convertir ese pequeño momento de debilidad en un auténtico aliado de nuestro cuerpo?
Para empezar, dejemos aparcadas las máquinas para pasarnos al bando de lo sano. Es cuestión de costumbre y de disciplina, sí. La fruta viene a ser ese amigo constante de los picoteos –tanto en adultos como en niños- y puede no ser aburrida si sabemos mirarla con otros ojos. El gesto de meter una manzana en el bolso puede alternarse a la perfección con el de preparar macedonias en casa con frutas más fresquitas, como la piña o el mango –o cualquier otra fruta de esas que, ahora, están disponibles en las fruterías durante todo el año-. La parte positiva de decantarse por la fruta como amiga del picoteo es que estaremos aportándole a nuestro organismo azúcares naturales que no sólo palien la sensación de hambre sino que, matando dos pájaros de un tiro, nos aporten altas cantidades de antioxidantes que son unos grandes aliados para el sistema inmunitario gracias a sus concentraciones en vitaminas, minerales y fibra.
Pero no sólo de fruta vive el gusanillo, y antes de aburrirnos y volver a lo envasado, podemos intercalarlo con lácteos –ya sea en formato de yogurt convencional, ya sea en las versiones bebibles- o, incluso, por algún embutido bajo en grasas –como el pavo o el jamón de york-. Los cereales tampoco son ninguna tontería, sobre todo por su alto aporte en fruta, aunque hemos de ser conscientes de que son un aporte en hidratos de carbono –naturales, pero hidratos al fin y al cabo- por lo que no conviene tampoco abusar de ellos.
Si ya queremos acabar de redondear este mimo para con nuestro cuerpo, tenemos que desterrar las bebidas gaseosas así sean light. A pesar de las apariencias y las etiquetas, el carbonatado de estos refrescos no nos ayuda nada ya que favorecen la deshidratación –uno de los “grandes males” del entorno laboral-, la sensación de hinchazón y el sumarnos algún kilillo. Así que, ¡que viva el agua como complemento del picoteo!… y como aliado para nuestro peso, también.

Fátima, ¡me encanta tu comentario!
La verdad es que a menudo las horas en una oficina pasan tediosamente lentas y una no ve el momento de que llegue la hora de la comida. Además siempre andan diciendo que el picoteo es algo que hay que evitar y, como mínimo yo, pocas veces soy capaz de picar sin sentirme culpable. Pero la verdad es que acabo picando… sobretodo si (como en mi anterior trabajo), ¡hay un armario dedicado en exclusiva a productos para el picoteo! Era increíblemente tentador…
Pero la fruta y los lácteos me parecen una idea fantástica, así que ya sé qué me llevaré a partir de ahora.