23/09/2010 Fatima Cimadevilla

¿Comer? Sí, pero bien

Muchas veces, no prestamos atención a lo que comemos dejándonos llevar por la comodidad o por las prisas impuestas por el reloj. Buscamos comidas que se hagan rápido, tiramos de cualquier precocinado o de esos envasados que nos permiten preparar una de las dos comidas fundamentales del día en un tiempo récord.

Esta alimentación rápida, muchas veces, nos lleva a cometer pequeños atentados contra nuestro cuerpo: nos faltan nutrientes, nos sobran grasas y aditivos químicos… saturamos nuestro organismo de todo aquello que no necesita sin prestar atención a lo que nos falta. Ese gesto de toda la vida de “meterse en la cocina” ha dado paso al “abrir antes de calentar”. Y, si queremos convertir nuestra alimentación en fuente de salud, es el momento de volver a los orígenes. Está claro que, hoy por hoy, podemos encontrar casi de todo en un súper, pero también es cierto que no todo es igual de saludable.

No nos volvamos locos: no es cuestión de vaciar la despensa para mirar hasta el último conservante de cada cosa ni convertir el gesto de hacer la compra en una historia interminable, comparando composiciones de productos. A veces, es incluso tan sencillo como apostar por llenar el carro de la compra con productos de primeras marcas: firmas industriales detrás de las que, siempre, hay una labor de investigación constante para mejorar los productos y contar con una oferta cada vez más específica y completa. Desde los “bajos en” –habitualmente, en azúcares, grasas o sal- a las leches enriquecidas: el camino hasta la estantería es un largo proceso que garantiza la calidad de los nutrientes. Algo que se comparte con los sellos de calidad alimentaria o las conocidas Denominaciones de Origen. Incluso si somos de ese selecto club que prefiere leerse la etiqueta completa y buscar después cada cosa en Google, estamos de enhorabuena: una de las iniciativas de seguridad alimentaria del Parlamento Europeo es unificar las etiquetas de todos los productos de la Unión para que el consumidor pueda identificar fácilmente -y como símbolo de calidad-, por ejemplo, si se trata de un producto orgánico o no.

Pero mientras eso llega, tenemos otro as en la manga -y a golpe de ratón- que nos puede facilitar mucho la tarea de aprender a mantener la calidad en nuestra alimentación: la red BEDCA, una nueva base de datos de Composición de Alimentos a la que se puede acceder a través de Internet y que facilita conocer la composición de más de 500 alimentos de los más consumidos en nuestro país. Esta plataforma pretende llegar a los mil alimentos a lo largo del próximo año, y es una manera única de poder conocer exactamente qué nos aporta lo que comemos. Ya no sólo por conocimiento sino porque, además, puede ser más que una herramienta si parte de esa alimentación de cada casa tiene que ver con niños o personas mayores o, incluso, con personas con sobrepeso o con diabetes.

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