Media mañana. Estás en casa o en la oficina. No es que realmente tengas hambre, pero es como un gusanillo que tienes que saciar, sabes que no debes, pero te imaginas comiendo algo rico y, por supuesto, también “rico en calorías”. ¿Por qué todo lo que sabe tan bien engorda tanto? Finalmente, no puedes con la tentación y terminas picando, pero aún así no estás satisfecha.
Uno de los primeros consejos que suelen darnos los expertos cuando hablamos sobre una alimentación sana es evitar el picoteo entre horas. Nos recomiendan efectuar cinco comidas en todo el día y que, además, no consumamos de manera habitual productos altos en grasas, por ejemplo. Aunque los especialistas nos recomienden no picar entre horas, es un hábito que a veces no podemos evitar. Si nos puede la tentación, sería bueno que al menos nos decantemos por algún producto saludable. Prestar atención a la composición nutricional de los alimentos no es ninguna tontería. Hay productos que a la vez de ser sabrosos y apetecibles, también son saludables. Sin duda una combinación exigente y complicada, pero ¡para nada imposible!
Para reducir la sensación de vacío, haz cinco comidas diarias e incluso seis, así no pasarás hambre ni tendrás necesidad de comer hasta sentirte llena. Intenta que sean siempre a la misma hora, habituando a tu cuerpo a un ritmo constante y de esta forma no te pedirá comer entre horas.
En el día a día, nos pasa que tenemos mucho tiempo entre las comidas fuertes, así que hay que concienciarse y hacer comidas intermedias y sanas. Fuérzate a no olvidarlas (a la larga se convertirán en un hábito habitual), así a la hora de la cena no llegarás tan ansiosa y no devorarás lo primero que encuentres. La ansiedad y el picoteo no son nada buenos.
Picotear alimentos saturados en grasa nos provoca un trastorno alimenticio. ¿Qué significa? Pues que nuestro aparato digestivo no tiene tiempo de asimilar los alimentos, así que los acumula. Esto provoca hinchazón, retención de líquidos y malestar físico, por no hablar del moral.
Parece una tontería, pero si no nos sentimos a gusto con nuestro cuerpo, tampoco nos sentiremos a gusto con nosotras mismas. No hablo de ser personas delgadas, sino de estar sano y sentirse bien, ya que la salud mental también influye en nuestros hábitos y caprichos alimenticios.
¿No te ha pasado alguna vez que al improvisar una carrera de corto recorrido notas como que te falta el aliento? O, mejor dicho, ¿que te cuesta recuperarlo? Si esto ocurre, no es grave, pero sí demuestra que tienes que empezar a cuidarte.
Todo es un suma y sigue. Picotear, la falta de deporte, el sedentarismo, etc. Con pequeños cambios modificaremos nuestros hábitos y nuestra salud mejorará. Y lo notaremos.
Cuando te invada la sensación de hambre (y ya hayas hecho la comida que te tocaba), intenta no pensar en ello, porque sino crecerá y crecerá hasta hacerte creer que si no comes algo en ese momento morirás de hambre, y lo único que conseguirás es crearte ansiedad, lo que generará que devores lo primero que tengas a mano. ¿Ves cómo es un círculo vicioso que siempre te lleva al mismo sitio?
Si te conciencias y haces cinco comidas al día, conseguirás mantener activo tu organismo e incrementarás su gasto calórico total. No te dejes llevar por tu estómago sino por tu cabeza, así mejorará tu cuerpo y te sentirás más sana y feliz.
