Nuestro ritmo de vida diario, los malos hábitos alimenticios o el abuso de antibióticos son circunstancias que pueden dañar el equilibrio de nuestra flora intestinal. Para combatir esta situación ingerir alimentos prebióticos puede mejorar de forma notable el funcionamiento del aparato digestivo y como consecuencia mejorar nuestra salud.
No hay que confundir los PREbióticos con los PRObióticos. Los PRObióticos son alimentos que contienen bacterias beneficiosas, en cambio los alimentos PREbióticos son aquellos que incorporan sustancias que indirectamente estimulan el crecimiento de algunas bacterias beneficiosas. En los dos casos se favorece el desarrollo de la flora intestinal mejorando diferentes funciones del organismo.
Entre los prebióticos, que están en la fibra soluble, destacan sustancias como los fructooligosacáridos (FOS), pectinas e inulina, componentes que forman parte de ciertos alimentos o pueden añadirse a otros para lograr un alimento funcional.
La estructura de los prebióticos, hace que resistan la digestión en la primera parte del intestino delgado, evitando su descomposición y absorción, permitiendo la llegada al colon. Una vez han llegado al último tramo del intestino, los prebióticos se convierten en el alimento ideal para la flora intestinal, que gracias a su fermentación genera sustancias muy beneficiosas (ácidos grasos de cadena corta y algunas vitaminas del grupo B) para las células de esta parte del organismo, disminuye el grado de acidez del medio reduciendo así la proliferación de bacterias patógenas y, por lo tanto, menor cantidad de sustancias tóxicas.
¿Porqué es tan importante tener nuestra flora intestinal en forma? porque desempeña un papel fundamental en la protección frente a infecciones por microorganismos patógenos (estimulan el sistema inmune) además de tener un papel relevante en el buen funcionamiento de las funciones intestinales.
Así bien, ¿de dónde podemos obtener naturalmente las fibras solubles? En general todos los alimentos vegetales contienen fibra, de aquí que las recomendaciones apuntan a ingerir 5 raciones de fruta y/o verdura al día. También predomina en las legumbres y los cereales, las frutas son ricas en pectina especialmente la piel de las manzanas o en la pulpa de cítricos, de la fresa, del membrillo, la zanahoria… La inulina se encuentra en la cebolla, el ajo, el cardo, la alcachofa, el espárrago… y los FOS se encuentran en el plátano, el tomate… Una dieta equilibrada, rica y variada en frutas y verduras, aporta los nutrientes esenciales necesarios para el buen funcionamiento del organismo.