El concepto de alimento funcional no es nuevo. ¿Quién no ha tomado nunca kiwis para combatir el estreñimiento o zumo de naranja para prevenir un resfriado?
Los alimentos funcionales son productos que tienen componentes beneficiosos que, además de cubrir las necesidades nutritivas estrictas, contribuyen a lograr la nutrición óptima, es decir, mejorar la salud. Por esta razón también se les denomina nutracéuticos, farmaalimentos y alicamentos.
En España podemos encontrar alrededor de 200 alimentos funcionales en el mercado. La industria alimentaria utiliza cada vez más ingredientes para elaborarlos, aunque no siempre hay un fundamento suficiente.
Podemos comentar algunos casos claros como:
- Los preparados lácteos con omega-3 incorporados tendrán beneficios similares para el sistema cardiovascular que el pescado azul, fuente natural de esta grasa.
- A margarinas y leches fermentadas se les incorporan fitoesteroles, sustancias vegetales que reducen el nivel de colesterol en sangre. Este compuesto se encuentra normalmente en aceites, frutos secos, cereales, frutas y verduras.
- Los prebióticos son fibras que promueven el desarrollo de microorganismos de la flora intestinal.
- Los probióticos son microorganismos vivos que se encuentran en las leches fermentadas y ejercen efectos beneficiosos, como la mejora de las funciones intestinales o el sistema inmune. La diferencia de este último alimento funcional es que solo podemos gozar de sus beneficios tomando leches fermentadas, puesto que no lo encontramos en ningún otro alimento.
No hay que olvidar que la mejor dieta funcional es una alimentación variada y equilibrada, ya que los componentes funcionales que se añaden a unos alimentos proceden básicamente de otros que podemos integrar en la dieta.