Desde tiempos inmemoriales el hombre ha utilizado microorganismos para todo tipo de procesos de manufactura e industriales: desde las levaduras del pan y la cerveza hasta la elaboración del vino, pasando por la fabricación de yogures y el curtido de pieles, los seres microscópicos han sido de gran utilidad al hombre.
Entre esos microorganismos amigos ocupan un lugar importante los probióticos, microorganismos presentes en alimentos, que valientemente sobreviven a la digestión en el estómago y que llegan a nuestro intestino, colaborando al equilibrio de nuestra flora intestinal normal.
La historia científica de los probióticos se remonta al año 1857, cuando Louis Pasteur descubrió las bacterias lácticas, fermentadoras de la lactosa y responsables de la conversión de la leche en yogur. En el año 1907, el biólogo ruso Iljà Metchnikoff, director del Instituto Pasteur propuso la teoría de que los probióticos contribuirían a mejorar la salud de las personas sanas, mejorando su esperanza de vida. En la actualidad el estudio de los probióticos y sus efectos sobre la salud ocupa una parte importante de la I+D de la industria alimentaria.
Entre las actividades del Instituto Pasteur una de las más importantes es la transferencia de tecnología, el proceso por el cual la investigación básica se transfiere de forma concreta a la industrial. Y entre estas actividades un lugar de relevancia lo ocupa el CRBIP. El CRBIP – Biological Resource Center of Institut Pasteur – conserva colecciones de trazas biológicas de interés industrial y toda la información ligada a ellas, realizando además un estricto control que asegure la similitud entre las cepas guardadas y las características (derechos de patentes) que provienen del depositante.
El CRBIP está en permanente crecimiento, añadiendo nuevas colecciones y diversificando las existentes, de modo que tanto ciencia como industria puedan tener un acceso rápido a cualquier microorganismo interesante en cualquier momento.